martes, 31 de julio de 2012

EN LO PROFUNDO DEL RÍO (cuento amazónico)


EN LO PROFUNDO DEL RÍO
En coherencia  con el amanecer del día como es de costumbre, el agricultor se despoja de las frazadas, enjuaga su rostro, atiza la leña y para la olla; a la vez suministra los alimentos  a sus animales, interrumpe el dormitar  a los hijos; pues  tienen que ir a la escuela, si por ellos fuera se quedarían más tiempo en cama, (Quién no quiso dormir: “un par de minutitos maaas…”).
Soy el mayor de tres enanos, me toca el trabajo de cuidarlos y ayudar con  sus tareas por las tardes; no es nada del otro mundo, ya que terminé  la segundaria pero no continúo mi nivel superior. Acompaño a mi padre a la chacra, le ayudo en lo que puedo; hay momentos en que se requiere de más personal para cosechar la producción. En su mayoría hacemos el trabajo los dos, como él dice: hay que ahorrar en personal y nos va a sobrar más ganancia… Es más trabajo para nosotros pero después hay buena recompensa. Tiene razón, es cierto, mientras estamos enteros le damos duro; esto va a servir para pagar mis estudios.
La chacra se encuentra a unos quince metros de la ribera del río  Aguaytia, ahí cultivamos plátano; hay momentos en que el agua rebalsa y afecta la agricultura de manera leve o grave, pende mucho a las precipitaciones pluviales. La semana pasada inundó el sembrío y nos tocó levantar los plantones caídos para rescatar la fruta y no se pierda; ya que afecta también a nosotros. Ese mismo día en la rivera; mientras cortaba caña brava para la fijación de los troncos, escuchaba unos golpes en el agua de manera continua, no le daba importancia pues sería una de esas cañas que se desplomó hacia el río, estando en un vaivén arrastrado por la corriente turbulenta del Aguaytia, ya que la raíz aún estaba fijada en la tierra. Pasado tres acarreos de caña brava, asomé la mirada hacia el sonido, porque se escuchaba con más intensidad, me invadió la curiosidad como a cualquier persona, me di con la sorpresa que no era un carrizo; es más no había nada que golpeara el agua, asustado retrocedí y tirando el machete salí corriendo, pensé muchas cosas: un lagarto, una serpiente grande, etc. Le comente a mi padre pero no me dio mucha importancia, estaba concentrado en lo suyo, no tenía tiempo para sonidos y animales.
Ya casi daban las tres de la tarde y el agua estaba mermando, mientras que el machete estaba a mi espera, tomé agua y retorne al lugar de donde extraía las cañas; todo estaba tranquillo no se escuchaba ningún golpe, tomé la herramienta de trabajo sin bajar la mirada de la orilla. Continué cortando más caña y una voz femenina muy sutil me dijo:-no destruyas esas plantas- Mire izquierda a derecha, y continué sin hacer caso a esa voz, no me sorprendió mucho; hasta que empezó a sonar el golpe en el agua y otra vez la misma voz con la misma palabra, me asomé a la orilla del turbio río y vi un animal en el agua de una tez  a colorado (rosa), que se deslizaba como un  delfín incluso parecía a uno de ellos; era un enorme pez, el más grande y nunca antes visto en toda mi vida; se trataba de un Bufeo colorado, quedé maravillado y a la vez muy asustado (Pero la vos de quien era), me preguntaba, el gran pez de un salto se desvaneció en las turbias y caudalosas aguas, ese hermoso pez era el causante de aquel sonido, volví en mi padre para contarle lo observado; no era novedad para él, ya había visto muchos de ellos:-ellos aparecen cada que crece el río, anda trae más caña brava ya falta poco para terminar…- me dijo. Le pregunté si había pasado una mujer por acá, respondió que sí, era el vecino llegando del pueblo trayendo sus víveres. Más sereno y sin temor me acerque por última vez a la orilla para seguir cortando cañas y a la ves apreciar al pez, éste ya no estaba pero tampoco soltaba los ojos del río por si él o ella volviera a aparecer. Ya listo el atado de carrizo y puesto sobre mi hombro con machete en mano, emprendí retorno hacia mi padre, pero la voz volvió a escucharse pero con una frase más: -no destruyas esas plantas; no seas causante de tu destrucción- con exactitud me di cuenta de que provenía del río y otra vez el golpe al agua, soltando las cañas y muy apresurado me dirigí hacia la orilla, pero me resbalé y caí en el río, no me dio tiempo ni para sujetarme de alguna rama, la situación era desesperante, el pantalón grueso y las botas no me dejaban salir a flote, peor aún, la corriente acuática me envolvía y me arrastraba a un ritmo presuroso, a la vez era golpeado por algunos troncos que seguían mi rumbo. En mis insistencias por salir a respirar apenas pude ver el lomo de aquel pez que se dirigía hacia mí, me sometí a la inmersión forzosa ya que me quedaba sin fuerzas, todo era en vano; suponía que el pez se acercaba para servirle de alimento, sumergido ya casi a un metro adentro cerré los ojos y entregué mi destino al río.
-Bautro, Bautro… levanta ya; levanta levanta, es muy temprano para dormir- eran las palabras que escuchaba mientras habría los ojos, con un gran susto me puse de pié; me auto examiné, todo  estaba normal, mi traje seco como si no hubiese pasado nada, estaba atónito, muy sorprendido, la última vez que respiré fue un litro de agua. Mi papá cargando el atado de caña se retiraba argumentando palabras que casi ni le entendía, solo era murmuro para mí, ni yo entendía como llegué al principio, antes de que me fuera a dar con el río, me senté y mirando el caudal, me preguntaba:-¿pero en qué momento me quedé dormido, fue real, un sueño? La cabeza estaba estallando por la situación ilógica. -No tengas miedo, si fue real lo que ocurrió hace un rato, por mi culpa te fuiste a dar con el río; pero ya estás mejor, me siento más tranquila, no me lo hubiera perdonado si te hubiese pasado algo.- se escuchó aquellas palabras femeninas de la misma voz y apareció aquel pez que con anterioridad había visto, se dejó mostrar de una manera impredecible  que caí en susto hasta retornar al cultivo; si le contaba a mi padre, este no me lo creería o no tendría el tiempo para atenderme, regresé solo y sin miedo; el pez seguía allí. -sabía que ibas a volver- me dijo, y sonrió. – ¿Cómo es que puedes hablar, o es otro sueño mío?  - le pregunté. –solo aquellos que nacieron en este mes y esta luna, pueden entendernos, ven sígueme quiero mostrarte algo- me dijo.
-Pero a donde me vas a llevar, tu eres un pez y yo una persona, tú vives en el río y yo en la tierra, tenemos diferencias…- le dije.
-solo arrójate al río, no te va a pasar nada, ya te salvé una vez, confía en mí…-
-está bien, le dije. Me despojé de las botas y me lancé en un estilo clavado hacia el turbio caudal, sin dudarlo, muy confiado y sobre todo sin temor por supuesto.
Una vez más la corriente me jalaba pero ya no estaba preocupado. –Buza todo lo que puedas y cuando te falte el aire solo abre los ojos, vamos a dirigirnos a lo profundo del río Aguaytia…-escuché; Le hice caso, empecé a sumergirme, la respiración me hacía falta, el agua era turbia como ha de abrir los ojos pues se llenarían de lodo y entre en desesperación una vez más, estaba unos cinco metros inmersos a mí parecer, abrí los ojos y me di con la sorpresa que el agua era clara y más tranquila, pero aún me seguía faltando la respiración; al instante se acerca el pez y me dio un beso, me lleno de oxígeno y pude continuar sumergiéndome, observaba la parte superior y había una cúpula de aguas turbias dirigiéndose a un solo sentido, ya pasado por lo menos treinta metros de profundidad a mi parecer, se apreciaba en la parte inferior una especie de esfera; el pez me decía: -ese es el lugar al que tenemos que llegar, ya falta poco para que se cierre, apresúrate…-
No podía decir palabra alguna de todas maneras ingresaba el  agua por mí boca, ella iba suministrándome oxígeno  con ese tipo de acto, me avergonzaba por ratos;  bueno se entendía que ella lo hacía para no dejarme morir ahogado y así íbamos acercándonos más hacia la esfera. Estaba nadando muy lento, no me deslizaba como ella; con su rostro de preocupación me dijo: -sujétate de mí ya me queda poco tiempo... -  la abrasé lo más fuerte que pude y sentí una velocidad extraordinaria, me daba cuenta de algo,  su cuerpo comenzaba a envejecer y su velocidad era cada vez más lento. -¿Qué te está pasando, por qué ese cambio físico…? Murmuraba entre mí, Ella me entendía telepáticamente.
-es  que si no regreso a la Kassa antes de las seis de la tarde mi envejecimiento se hace muy acelerado, no temas pero, ya estamos llegando…- su voz cambió también era ya una anciana muy cansada. Hasta que ya habíamos llegado al lugar “Kassa” que así le llamaba; pero me di cuenta que ella no podía continuar más y el camino era aún largo, estaba muy agotada porque me tubo que cargar literalmente en todo el camino; también observé que el río turbio que cubría como manta al lugar donde nos encontrábamos, estaba invadiendo y se mesclaba el claro con el turbio, donde predominaba el turbio por supuesto. –Sigue la plataforma hasta la puerta, toca veintidós veces y responde con la palabra Jennka; ese es mi nombre, ya no puedo continuar…-  se hacía cada vez más anciana; hasta que dio un último suspiro. No podía dejarla en la entrada tuve que cargarla como pude, además no sabía que más hacer al llegar a la puerta, y como regresar a mi casa,  más me preocupaba su estado.
El río turbio se acercaba muy rápido, podía correr en esa plataforma y a la vez nadar como un pez yo optaba por  lo que más podía hacer, correr. Toqué la puerta veintidós veces y una voz sonó: -¿tu amabilidad?- A lo que respondí  –Jennka.- La puerta se abrió pero solo se podía entrar de forma horizontal, estilo un pez, ella entro primero y sin perder mucho tiempo yo también ingresé.
Se escuchó un estruendo como de un rayo algo que golpeaba la puerta, era el agua turbia que sometía contra ella, ya había invadido toda la parte clara, entramos justo a tiempo, estábamos protegidos por una cúpula de cristal. –Bienvenido a Kassa-. Otra vez la voz sutil, pero ya no de un pez, sino de una joven casi de mi edad. Me quedé más sorprendido que nunca, me tomó de la mano y me llevo a una especie de ciudad con bastante vegetación, todos eran personas, no había peces. – ¿Y dime Jennka, que es este lugar tan hermoso, como es que existe, no puedo creerlo, y estas personas como llegaron, resultó que no eras un pez?- había muchas preguntas por preguntar.
-Esto mi querido Bautro es una especie de reserva, libre de contaminación y destrucción.
-es el paraíso- interrumpí.
-no, no es el paraíso mi querido Bautro es un área de conservación, donde árboles y animales que    de repente nunca has conocido, se encuentran aquí, tal vez tus abuelos o incluso tus papás también no conozcan algunos de estos, tu padre conoce muchos árboles que ya están extinguiéndose, plantas que alguna vez eran abundantes en nuestra zona; ellos daban el color y la vida a nuestra región, ahora solo se ve grandes vacíos, hectáreas destruidas  solo para el beneficio económico, sólo se dedican a la destrucción mas no a la reconstrucción, ¿te acuerdas que te pedí que no destruyeras a las cañas?.
-si me acuerdo; también me dijiste que yo solo me estoy destruyendo o algo así…- repliqué.
-sí, es así mi querido Bautro, el hombre mismo busca su propio castigo, de la Madre Naturaleza, y ella como una buena madre sabe corregir a sus hijos, pero no hacemos caso, tú al cortar el carrizo de la ribera del río estás permitiendo que el agua entre a tus cultivos, creas un vacío, cuando en realidad deberías sembrar grandes árboles en la ribera para que contengan al menos un poco la intensidad del río; y no afecte de una manera grave tus sembríos, así ocurre con los deslizamientos en los cerros, pues los árboles sirven como una maya de retención de la tierra, a través de sus raíces, mucha gente tala árboles, esto genera deslizamientos y aluviones, y ese lodo se combina con el río entonces los peces se asfixian y mueren aunque suena irónico, ahogados, ya no encontramos muchos peces en el río, no hay animales en los montes, quizás tus nietos no van a disfrutar de los sabores que tus padres te dieron de probar alguna vez, suena muy triste, así es esta realidad, por eso existe este lugar, conservando lo poco que hay para que nunca las especies vegetales y animales se extinga, pero ya el problema está demasiado grande no solo en nuestra zona, también en otras regiones de este país, nosotros somos un remanente comisionado en esta región, que se encarga de mantener en vigencia todo animal y vegetación; mientras en otras regiones está la comisión del cuidado del aire y los mares, ellos tienen el trabajo de luchar contra la Contaminación, nosotros somos privilegiados de mantener instancia en esta región, tanto para el que nació como el que migró; Pues la Contaminación no ha tomado el control; la Madre Naturaleza está en constante renovación, con la poca vegetación y  pocos animales. Existe un equilibrio aún…- dijo.
-¿cómo es eso de renovación y equilibrio?- le pregunté.
-cada animal y cada vegetación tiene una función específica, hay animales que se encargan en la limpieza de los suelos ya sean animales aéreos o terrestres, su trabajo es específicamente en la limpieza del bosque y las riberas de los ríos. Otros animales se encargan de convertirse en alimentos para nuestro consumo y satisfacer nuestra hambre; así como hay vegetales para fines medicinales y alimenticios, como te repito cada uno tiene una función específica, son miles de especies, cada uno un propósito. Mientras los árboles se encargan de dar cobijo a los animales y a la vez alimentarlos, pero si se acaban estos seres quienes van a hacer esas  funciones; el hombre tiene sus propias obligaciones, está ocupado en lo suyo…-


 "EL HOMBRE CREA SUS PROPIOS PROBLEMAS"

 

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